FIRMIN o el nuevo Quijote
Posted by Mara on Noviembre 16th, 2009 filed in GeneralComment now »
“Después de los calores del estío, de tiempo ocioso y propenso para disfrutar con las pasiones de cada cual, ha caído en mis manos un libro digno de ocupar un espacio en este rincón. Avalada por figuras de aquí y de allí Firmin es una de las últimas obras maestras que me he encontrado y ya forma parte de mi biblioteca.
Con un estilo depurado, sin grandes florituras pero entrelazando alegorías con las frases, se teje un texto de fuerte carga simbólica. Publicado por Seix Barral e ilustrado por Fernando Krahn, hasta mis manos ha llegado la decimotercera edición. La aparentemente liviana historia de una rata que nace en una biblioteca, decimotercera vástaga que queda fuera de la alimentación materna por estar de más, busca su supervivencia con lo que tiene más a mano, las páginas de los libros, hasta que aprende a leer y prefiere sólo roer los márgenes para no perderse ni una palabra de lo que dicen. Renuncia a su destino de rata por seguir alimentado esa sed de saber que sufre, y así conoce a los clásicos literarios, y se cuela en las butacas de un viejo cine para soñar con ser Fred Astaire y bailar algún día con Ginger Rogers de pareja.
La rata de biblioteca crece educándose como un humano, bebiendo de las fuentes de que estos se alimentan, o ya no. Y por eso cuando por primera vez se planta delante de un espejo por casualidad y descubre su aspecto animal se horroriza, porque en su ensoñación había compuesto su aspecto como el de aquellos personajes sobre los que leía. Nombra todo con lo que se cruza con sus términos particulares, pues nadie le ha enseñado cómo se llama. Se ha educado a sí mismo y no se ha relacionado con nadie, ni de los suyos ni de los otros, para tener un referente al que acudir.
Al fin y al cabo es una rata, y cuando es descubierta por los humanos, con lo que conlleva serlo, éstos optan por su exterminación antes que descubrirla, hasta que se topa con un personaje extraño, que dentro de su rareza demuestra sensibilidad extrema, y lo acoge y le regala un piano de juguete para que amenice sus veladas.
La reflexión escondida entre los avatares de esta rata de biblioteca en su expresión más literal, está servida. A su condición de rata aislada, por ser una rata intelectual, curiosa y sensible, se vive la propia situación del barrio, que es la propia de Firmin. Barrio con tienda de libros antiguos, con cine mítico -el Rialto-, que está abandonado por las autoridades, que no quieren reformarlo sino destruirlo para dejarlo sin identidad y construir en él bloques de hormigón, réplica exacta de otras ciudades sin personalidad. Queda patente esa manía del hombre por eliminar lo que es particular y genuino para convertirlo en algo genérico, sin características propias, una masa, para de el rebaño para que no haya nadie que pueda contradecir las órdenes de quien lo dirige. Nunca interesaron los curiosos, los que leían, los que preguntaban, y los que estuvieron dispuestos a pelear por lo que era justo. Mucho menos los soñadores como Firmin, que busca en el sexo femenino humano la sensibilidad para enamorarlo, y trata de hacerse entender por los gestos que ha aprendido en un libro de lenguaje para sordos, provocando el efecto contrario -y esperado- de quienes no se paran a entender y simplemente salen huyendo, dejando escapar casi siempre algo bueno.
El final está tejido de modo magistral. Savage consigue transmitir la vorágine del desconcierto, de la injusticia, como los que saben que van a perder deciden hundir la nave para que no puedan quedarse con nada suyo. Y finalmente, Firmin que nos ha contado toda toda la historia con sus ojos de rata, con su ingenuidad de rata, con su mentalidad de humano aprendiendo de las fuentes sabias, entiende la injusticia de los humanos y se deja vencer, perdiendo la esperanza en tal género. Soberbio el guiño a la metaliteratura que hace el autor, introduciendo grandes títulos de la literatura universal.
Y para culminar, también hacer mención de las ilustraciones del libro a cargo de Fernando Krahn, en la edición de Seix Barral. Por donde se miré, me ha parecido una gran novela, quizás una de las grandes novelas de los últimos años. Ya está a la venta la nueva obra del autor, EL sueño del Perezoso, también publicada en Seix Barral. Habrá que leerla, pero Firmin es una novela especial, una perfecta alegoría de lo que es la sociedad actual y de lo incomprendido que puede sentirse alguien que se interese por la literatura, el cine, alguien que sueñe simplemente, entre los intereses cada vez más vacíos, no haciendo falta ser una rata, pudiendo ser sólo un humano cualquiera. De todo ello, me quedo con el final, y con soñar como soñaba Firmin que soy Ginger Rogers y espero a Fred Astaire para compartir un baile. Léanla porque vale la pena. Hasta la próxima parada.”
Taller literario bcn
Posted by Mara on Septiembre 6th, 2009 filed in GeneralComment now »
Tras un período de inactividad por estar ocupada con otras actividades, hago un alto en el camino para hacer una recomendación, esta vez dirigida a las personas que tengan inquietudes de creación literaria y estuvieran interesadas en asistir a un taller.
Se ha convocado un taller literario en Barcelona, que comenzará a impartirse en el mes de octubre. El responsable del mismo es un escritor latinoamericano de amplia trayectoria. Se plantea convocar alumnos para formar grupos reducidos, de 5 o 6 personas, para que la atención pueda ser más personalizada, en clases de dos horas al día.
Se formarían grupos para todos los días de la semana, y los horarios son flexibles, según la disponibilidad de alumnos y profesor. Se entrega temario y se tratará de clases teóricas y prácticas.
El precio es de 145 euros por trimestre. Para más información hay que llamar al 93.426.33.24 o enviar un email a sofanor77@gmail.com.
En breve volveré con un post, hablando de un nuevo libro. Mientras tanto, seguimos con el viaje, con el paisaje que sucede alrededor y los vaivenes del tren. Hasta la próxima parada.
UNA TARDE CON EL PIJOAPARTE
Posted by Mara on Mayo 13th, 2009 filed in GeneralComment now »
“Miro por la ventanilla y apenas veo pasar paisaje de lo rápido que corre el tren. Mi compañera de delante corre la cortinilla para que no le moleste el sol, y no entiendo cómo puede renunciar al placer de dejarse calentar por ese sol de primavera, y a ver kilómetros pasando a un ritmo vertiginoso, como si no fueran para tanto. Recalamos en una estación, donde ni siquiera bajamos del tren. Sólo cedemos el paso a otros que son más veloces que el nuestro.
Hace unos días le entregaron el premio Cervantes a Juan Marsé. Se barajaban muchos nombres, pero él fue el agraciado, y por tal circunstancia tomé para leer libros que había dejado para más tarde e iban firmados por él. Decidí empezar por el principio, “Últimas tarde con Teresa”. Ya el título del libro me causaba controversia porque no conseguía deducir del mismo si iba a tratarse de una historia de amor, de vivencias, de jóvenes, de guerra o posguerra. Y claro, como no podía ser de otra manera, casi fue un compendio de todo lo que esperaba. Ésta es una de las obras de Juan Marsé, aunque ya el actor era de sobra conocido, y tras el premio no hace falta ningún preámbulo para presentarlo.
Hace poco se cumplió el cuarenta aniversario de esta obra, y salió corregida por el autor en una edición muy cuidada, prácticamente de coleccionista. Lo mismo que ha pasado ahora con todas las obras de este autor, con motivo del 23 de abril, día del libro, y fecha en la que se le entregó el premio Cervantes. Con ella, Juan Marsé ganó el premio Biblioteca Breve Seix Barral en el año 1965, en el que ya quedó finalista con la novela….. Se narra la historia de un personaje charnego habitante del barrio del Carmelo de Barcelona, conocido como el pijoaparte, que se constituiría con tal apodo en icono de la literatura por las características con que el autor le dota, e induce a pensar que es de trazo autobiográfico, por mucho que Marsé haya jugado con tal dualidad.
La obra narra la historia de tal personaje con afanes arribistas, de trazo despiadado, que comienza una historia de amor con la criada de una familia de la burguesía catalana creyendo que se trata de la señorita de la casa, y que supone el desencadenante de la relación de Manolo -el mencionado pijoaparte- con Teresa, una señorita de la época que busca aventuras en tener ideales y tratar con gente de dudosa reputación.
Desde mi punto de vista se hace un retrato perfecto de la distinción de clases en la época de los sesenta, de la burguesía catalana y la gente llana, de esos curiosos personajes mal mirados por el populacho por buscarse la vida con actividades poco honrosas, y de la juventud enfocada desde dos puntos de vista distintos. Desde el punto de vista de quien no tiene nada y carece de valores porque le urge asegurarse la vida, y de quien lo tiene todo y por eso se puede permitir el lujo de vivir colgado de una nube, lo cual durará hasta que crezca y se le pasen las ganas de perder el tiempo. Lo curioso es la evolución del pijoaparte. Como al principio queda retratado como alguien sin escrúpulos, cuyo único afán en la vida parece ser el de alcanzar una buena posición para disfrutar y vivir bien, acaba convirtiéndose en alguien sensible, en quien afloran también los ideales, los valores, que no está tan desprovisto del rasgo sentimental, sólo que tiene que mantenerlo oculto porque enseña los dientes.
Me encanta el guiño humorístico que hace Marsé cuando plantea la escena del baile al que acuden Manolo y Teresa, y en el que hay un tipo que va tocándole el culo a todas las muchachas, y cuando se explica de quién se trata, le coloca su apellido. Y por último, sólo apuntar que me hubiera gustado que se hubiera desarrollado la historia del origen del pijoaparte. Porque a Manolo, Marsé le llama así, si es que hay alguna historia jugosa que lo justifique, y sino haberla inventado. Es lo único que me habría gustado encontrar.
Por lo demás, el tren arranca de nuevo y nos vemos en la próxima estación, mientras dejo que el viento me desarme el peinado.
Encuentro con Arturo Belano
Posted by Rodrigo Díaz Cortez on Febrero 1st, 2009 filed in General2 Comments »
Belano iba sentado sin compañía, con una pierna encima de la otra, esperando el cataclismo. Yo viajaba en tren hacia Blanes. Cuando lo vi no estaba seguro si se trataba de él, pero enseguida comprendí que era el detective salvaje, y como un polluelo me puse nervioso, no sabía cómo abordarlo. En el sueño iba vestido como un pordiosero, con los pelos revueltos y la cara de quien viene recién despertando. No perdía ocasión en contemplar los leves cambios de luz y atmósfera del paisaje catalán. Enseguida vino el aguacero, esos chaparrones de diez o quince minutos torrenciales, al tiempo que la luz se oscurecía y la diligencia zarandeaba a sus pocos pasajeros. Mientras una mujer mayor procuró subir su ventanilla con ambas manos, Arturo Belano se levantó y aprovechando que no tenía acompañantes, abrió su ventanilla, sacó la cabeza, el cuello y medio tronco a la intemperie, permaneciendo quieto, rígido, se lavó la cara con las gafas puestas, desafiando el balanceo del vagón y las inclemencias del breve temporal. Un poco desconcertado, me levanté del asiento donde estaba, y ocupé uno delante del suyo. No recuerdo el tiempo que estuvo en esa difícil posición. Volvió a tomar asiento con una sonrisa en la boca. Sacó una toalla blanca de hotel u hospital y secó los rizos de su cabeza. ¿Qué buscas? Le pregunté. Arturo Belano me contestó que había visto cosas maravillosas y nunca vistas. Picado por la curiosidad, y decidido a mantener los ojos muy abiertos como me sugirió más tarde, contemplé el paisaje, la vegetación que a veces rozaba el tren. Entre un cielo difuso de nubes pude ver la imagen propia del sueño. No estábamos dentro del Ford Impala color blanco, pero pude ver los pueblos fantasmales del estado de Sonora. En menos de un segundo o quizá un poco más, vi las balas de la revolución mexicana, y confirmé que la buena literatura es un exceso y un gasto inútil, un llegar a los extremos, un estallido de alegría y desamparo, un giro de orfandad y de júbilo, todo mezclado dentro del diluvio que pasaba fuera de la ventanilla en un tren con dirección a Blanes o a ninguna parte. En el sueño muchas cosas se dan por supuestas. Quizás por eso o por otra situación que ahora no viene a cuento, Arturo Belano sabía que yo era aprendiz de escritor. Yo quería saludarlo con efusividad, decirle que iba a Blanes para visitarlo y hablar de libros. También quería enseñarle las dos novelas que aún no había escrito y que ya habían cazado premios búfalo. Pero me mantuve mudo, cosa rara en mí. He visto cosas maravillosas, me volvió a repetir, pero yo sabía que la palabra “maravillosa” la detestaba. De eso estaba seguro, quizás por tener relación con el clan de la Mamá Grande o algo. La cosa es que la lluvia duró más de lo imaginado, el tren siguió con su traqueteo acompasado, siniestro, pronto cruzaríamos un túnel. El túnel que todo escritor debería cruzar. Belano miraba en el aire cosas que los demás no veíamos y que yo tardaría años en comprender. Después entramos en el túnel y la oscuridad tenía una espesura de niebla. El loco se sentó en su asiento, y me dijo pronto cruzaremos el túnel. Abre bien lo ojos y pon atención que en esta época es muy fácil volverse gilipollas. Después de la oscuridad viene el naufragio.

número 8 - homenaje a Roberto Bolaño
Relato publicado en la revista de arte y poesía, Llop Ferotge, que se edita en Girona, con motivo del homenaje al escritor chileno Roberto Bolaño, en el octavo número (septiembre 2oo8).
NO CONSIGO VER EL SOL
Posted by Mara on Noviembre 23rd, 2008 filed in General3 Comments »
“Recalamos en otra estación, que se convertirá en estación de paso, como todas. El tiempo de viaje esta vez ha sido más prolongado que los anteriores, y a lo largo del camino hemos ido recogiendo de todo: experiencias buenas, malas, sabiduría y necedad, ver el mundo con otros ojos a través de la ventanilla a la que da mi asiento, mientras el paisaje corre cada vez más rápido conforme nos vamos haciendo mayores.
En el transcurso de todo este tiempo, que quizás haya sido demasiado, pero ha tenido que ser así, ni un poco más ni un poco menos, los libros han vuelto a ser compañeros de viaje insustituibles. A mis manos llegó hará unos meses “Los girasoles ciegos”, de Alberto Méndez. Desconociéndolo por completo, me enteré de que más tarde el mismo título servía para una película basada en algunas historias del mismo. De entrada, la actualidad me ayudará a que no suene extraño cuanto hable acerca de esta obra. Para quienes hayan visto el libro hecho película, y para quienes no lo hayan visto también, diré sin anunciar demasiado con ello que el tema tratado es la guerra civil española.
El libro está estructurado en cuatro cuentos. Cuatro cuentos relacionados entre sí. El primer cuento tiene que ver con el tercero, y el segundo con el cuarto. Las cuatro historias planteadas podrían ser independientes, pero se relacionan entre sí de esta manera porque algún personaje del cuento anterior correspondiente visita las páginas del que se está leyendo. El ángulo desde el que se enfoca la narración es la posguerra. El ambiente vivido tras la misma, las consecuencias que trajeron para los perdedores de ésta. El autor, con un lenguaje claro, sencillo y ámeno, las plantea de modo tal que no hay que conocer el conflicto acaecido entre 1936 y 1939 para entenderla. Son las consecuencias de cualquier guerra, las consecuencias comunes que sufren los que la pierden, el estado en que queda un país cuando tal monstruo arrasa sus tierras y consterna a sus gentes, fueran del color que fueran. Tristemente nos muestra como todas las guerras son iguales, sean más modernas o lo sean menos, y que son lo peor que puede ocurrirle a cualquier sociedad.
En la película se relatan el cuento cuarto, que es el que adopta en el libro el título de “Los girasoles ciegos”. Relatada la situación de un pensador comunista, escritor de profesión que subsiste haciendo traducciones de libros alemanes y se esconde en el agujero fabricado tras la puerta de un armario, se muestra la sociedad dominada por unos pensamientos y dogmas que no tuvieron nada que ver con lo conocido anteriormente. El personaje principal es el de un aspirante a cura que no consigue encontrar su vocación una vez ha vivido entre el mundo de los hombres normales y corriente. El título se toma por una frase de uno de los personajes, que el problema es que el aspirante a cura vive como un girasol ciego, que no consigue ver el sol hacia el que hay que mirar.
Lograda la interpretación de los actores, no considero que haya sido así la adaptación de la novela a la película. Todos sabemos que en estas ocasiones se pierden muchas cosas por el camino, pero en esta ocasión, se ha perdido toda la esencia. Se ha retratado simplemente una sociedad en la que no había libertad de pensamiento, cuando el pensamiento puede tener tantas posibilidades de existencia, y lo que eso supone para las mentes que no comulgan con lo impuesto. La represión y la dictadura obligan a los hombres a comportarse de una manera y sacar lo peor de sí mismos en pos de un orden y una idea que no justifica absolutamente nada. De éstas hay un montón de reproducciones que, de tanto usarlas, se han convertido en iguales y por tanto nada especiales a ojos de quienes deben percibirlas. El autor de la novela, sin embargo, trató de transmitir cómo tras la guerra, y tras la muerte del dictador, cuando el país ya podía cabalgar libre a lomos de un corcel inmaculada por las avenidas desiertas que eran páginas en blanco por escribir, decidieron olvidar. Olvidar todo lo malo que había pasado, pero también olvidar que hubo demasiada gente que merecía el derecho de ser recordado, que merecía haber sido homenajeado por haber dado la vida por un país que luego no quedó como quisieron, pero por el que lucharon para que así fuera, aunque tuvieran que esperar cuarenta años para ver según sus deseos. Hubo demasiada gente que se cambió la chaqueta y no quiso saber nada de lo anterior. Pero también hubo mucha gente que se había quedado en el pasado, sus vidas aún estaban detenidas en una época en la que no recibieron recompensa, y aún así, quedaron con las manos vacías. Ésa entendí yo que era la idea de Alberto Méndez, que no se supo transmitir. Lástima que él no alcanzara a ver su historia impresa en papel y distribuida por las librerías, como tampoco supo que se había llevado a la gran pantalla.
Como digo, el libro no es demasiado extenso, es fácilmente legible, y comprensible para cualquier lector al que pocas palabras le valgan. En cualquier época, en cualquier país y con cualquier ideología, llegar a la fuerza para hacer valer una idea es la peor manera de refrendarla. Obligar a todo el mundo a pensar de una manera no es justo. Y tampoco lo es olvidar a los que lucharon por que hubiera justicia.
Emprendo el viaje de nuevo. Viajeros al tren. Seguiré contemplando el paisaje y disfrutando de la compañía de los libros y de quien ocupe el asiento que queda vacío a mi lado. Hasta la próxima parada”.
VIENTO DE CUALQUIER LUGAR
Posted by Mara on Mayo 13th, 2008 filed in General9 Comments »
“El tren en el que viajo, a bordo del que no he dejado subir a ninguna oportunidad, recala en una nueva estación de paso para repostar, para dejarme estirar las piernas y respirar aire -no sé si puro ó no-, y continuar con el viaje.
Esta vez no tenía muy claro sobre qué libro escribir. Si remontarme a algún clásico ó detenerme en alguien más actual, si tratar temas que estuviesen de moda y lograsen el beneplácito, ó guiarme por mi gusto personal. Ante la confusión, he chupado mi dedo y lo he sacado por la ventanilla del tren y he dejado que corriese el aire y la veleta se inclinase hacia un lado ó hacia otro. He llegado sin darme cuenta a una obra que se remite a 1930, a falta de un par de décadas, un libro casi centenario. Se trata de “Viento del Este, Viento del Oeste”, de Pearl S. Buck.
Le prestó atención a la biografía de la autora, que en este caso es necesaria para ponernos en antecedentes y darnos una dimensión de la novela que no tendríamos desconociendo ésta. Pearl S. Buck vivió durante cuarenta años en China. Viajó con sus padres, misioneros, cuando apenas contaba unos meses de edad, y creció conociendo la cultura del país oriental de primera mano, tal vez la única en la que se puede hablar con criterio de las cosas. Luego regresó a Estados Unidos, y forjó su carrera como escritora echando mano de todo lo aprendido a lo largo de esa oportunidad privilegiada que muy pocos disfrutan.
Gozando de la ventaja de conocer ambas culturas, la oriental y la occidental, aprovechó para escribir su primera novela contraponiéndolas, en una valiente apuesta de la que podía haber salido trasquilada, y por la que le tocó adoptar postura triunfal sin embargo. Habla desde la perspectiva de una mujer educada en las tradiciones ancestrales del pueblo chino, perteneciente a una familia acaudalada, que se prepara para casarse con un hombre al que no conoce pero con el que su familia pactó el matrimonio antes de que ella naciera, como era tradición; ella es quien asume el papel de narradora. Cumple abnegadamente, como desde niña la educaron para interpretar el papel que debe comenzar a ejercer, el de esposa, y sufre un choque profundo en su mentalidad cuando su marido -educado en Occidente, concretamente Estados Unidos-, pone encima de la mesa todo el aprendizaje que ha adquirido en el extranjero y le hace añicos todos los esquemas. Conceptos como el que le propone de dejar de vendarse los pies porque con tal práctica se deforman y suponen como consecuencias unos dolores insoportables para los huesos, ó no quedarse callada cuando está en presencia de su marido, que no quiere una sirvienta sumisa y muda sino una mujer con la que poder conversar, con la que disfrutar a su lado y con la que compartir vida, hijos, matrimonio y conocimientos, desbaratan la educación hasta entonces recibida, y basfleman contra lo que ella había creído como correcto. Su marido le enseña que la cultura china es una cultura milenaria, y por eso mismo sufre el defecto de no haberse sabido adaptar a los nuevos tiempos, de modernizarse.
El conflicto se forja de manera definitiva cuando su hermano regresa de estudiar en el extranjero. En China le está esperando un compromiso matrimonial en el que tampoco tuvo voz y voto, y al que se opone firmemente por el mero hecho de que él ha elegido a la mujer a la que profesarle sus sentimientos, y no necesita que nadie lo haga por él; reniega de los matrimonios concertados. La protagonista se escandaliza con la actitud de su hermano y lo hace responsable de cualquier disgusto que sufra su madre y pueda llevarla a mal fin. Ésta, desahuciada a la hora de cambiar de pensamiento porque la edad le ha endurecido la sesera, se muestra intransigente y es capaz de anteponer su cultura y sus tradiciones a su faceta materna.
La protagonista, gracias a la tolerancia que su marido ha traído consigo de su viaje al extranjero y a la comprensión que utiliza para explicárselo todo, va comprendiendo que su hermano tiene razón al haber elegido a la persona a la que quiere entregarle sus sentimientos. Poco a poco va convenciéndose de que no hay una única verdad en la que creer.
La capacidad con que Pearl S. Buck describe el punto de vista, el pensamiento de una persona educada en la más rancia tradición china, cómo supone para ella toda una rareza el aspecto de una norteamericana, tanto como para estudiarla minuciosamente, y cómo finalmente es conquistada porque el sentimiento universal acaba impregnando tanto el ambiente que negarse a él es como cometer sacrilegio, es de renombrable admiración. Además nos hace llegar cuán importante es la cultura a la hora de poner en práctica la propia vida. Tanto como para que unos cánones que son distintos a los que nos han enseñado a nosotros, supongan tachar de erróneo y hasta ausente de belleza todo lo que sea distinto, cuando es mucho más fácil entender que en la variedad siempre estará el gusto.
Ésta es mi lectura recomendada. He de decir que la obra de Pearl S. Buck es extensa, y en su mayor parte dominada por sus vivencias en el país asiático. Para todo aquél que suponga, tras la descripción dada, que la autora se mueve en el género rosa o sentimentaloide, y que ello le lleva a excluirla de sus lecturas, añadiré en su defensa que fue galardonada con el premio Nobel, y es una mujer de gran inteligencia que con una trama aparentemente romántica, nos imbuye en China, sus costumbres, sus contradicciones, su historia y su cultura.
Altamente recomendada para quien quiera conocer esa parte del mundo de la mano de alguien que la miró con ojos limpios.
Por hoy es suficiente. El tren vuelve a ponerse en marcha y me subo a él para continuar con el viaje. No me despido sin antes disculpar mi tardanza por haber andado entre ramas. Estoy aquí de nuevo, atenta a cuanto pase por mi ventanilla para contar en la próxima parada. Allí les espero”.
SEÑORA DE ROJO SOBRE FONDO GRIS
Posted by Mara on Marzo 27th, 2008 filed in General3 Comments »
“Tras un receso que estaba siendo necesario en la labor internáutica, vuelvo al pequeño rincón que compartimos a espaldas del mundo que siempre nos anda imponiendo maneras de vivir, por charlar un rato con todo aquél que se tome la molestia de leerme.
Divagaba hace un tiempo acerca de una creencia popular que se cimentó a base de algunos ejemplos que nunca fueron generales y se transmitió como una concesión generosa a través del tiempo, de los años y de la vida, en épocas de absolutismo machista, y cuando ya empezaba a asomar la cabeza alguna que otra fémina casta y bravía, para reivindicar algún lugar, el que fuera, en ese mundo de fieras.
Siempre dijeron que detrás de un gran hombre, había una gran mujer. Y también como siempre, al gran hombre lo vimos, lo vemos y lo veremos, recogiendo alabanzas y galardones, siendo condecorado y admirado, portando honores y medallas colgadas sobre el pecho. A la gran mujer que dicen que hay detrás, simplemente la suponemos. Camina un paso por detrás, se mantiene en la sombra, guardando las distancias con la gloria que tiene ganada su compañero, y de la que parece que sólo participa como espectadora, no como contribuyente a haberla engrandecido, ó a haberle dado alas para volar, ó incluso haberla parido para que pudiese existir.
La gran mujer siempre está a la zaga, aguardando que algo salga mal para solucionarlo rápida y sutilmente, sin que nadie se dé cuenta por no llevarse tampoco el mérito de haber resuelto un problema. Se mantiene en el segundo plano que ocupa con abnegación, cuidando hasta el último detalle para que todo aparente ser tan perfecto como para olvidar que alguna vez no hubiera sido así. Se preocupa de las cosas cotidianas, de las evidencias, de las obviedades que todo el que se sube a un altar deja pasar de largo, como si ya no perteneciera al mismo mundo que ellas y por tanto no tuviera que preocuparse de lo que pudieran hacerle ó no hacerle, para que éstas no interrumpan con su arbitrario comportamiento el devenir de los acontecimientos que de otra manera estuvieran pensados.
También existen mujeres que están detrás de grandes hombres y no son grandes. Porque la virtud de la grandeza es muchas veces la de creerse ó saberse pequeño y vulnerable, la de ser humilde a pesar del halo de magnanimidad con que nos quiera cubrir el mundo. Tener delante un trozo de pastel tan apetitoso como el de subirse al carro de la fama, es tan tentador y tan tedioso complicarse la vida para darle mil vueltas y no hincarle el diente, que finalmente acaba dando todo igual y se acaba convirtiendo en un circo lo que debía haber sido algo importante.
La virtud de la gran mujer, quizás la más grande de todas, es precisamente esa, saberse humilde y asumiendo tal papel. Sencilla, condescendiente, dispuesta, sonriente y relajada.
Hoy día, las grandes mujeres también ocupan papeles estelares sin necesidad de permanecer a la sombra de ningún hombre que se precie. Y seguramente tras ellas también tienen a un compañero que ha hecho la tarea de llegar alto menos ardua de lo que podía haber sido de haberla emprendido en soledad; resultado de la sociedad igualitaria que pretende crearse debe ser la dualidad a la hora de ocupar puestos destacados. Y da igual que sean de un sexo o del otro quienes lo ocupen, y que haya detrás de ellos un contrario tan magnífico como para estar a la altura de las circunstancias. Al fin y al cabo, dejando a un lado la guerra más absurda de todas, se trata simplemente de destacar como personas.
Tras esta retórica se esconde un interés propio por sacar el tema que es argumento principal del libro que vengo a comentar hoy. Este fue bautizado con el título de “Señora de rojo sobre fondo gris”, es una novelita corta, fluida y fácil de leer, cuyo autor es Miguel Delibes. Plantea desde el principio la historia de un pintor afamado que se siente incapaz de seguir pintando porque acaba de perder a su esposa. Se plantea aquí la primera “lección” de la novela; ésa que dice que no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes. Es tal la añoranza por la figura femenina que ha inundado la vida del protagonista durante tanto tiempo, que utiliza también el dicho de que detrás de sí mismo, que era la cabeza visible a la hora de recoger los frutos de la fama, estaba su gran mujer.
Luego plantea un escenario convulso, con un pasado en el que todavía vivía la mujer a la que idolatra y en la que la atmósfera es irrespirable para una sociedad que ha aguantado demasiado reprimida entre dictadura, y necesita un poco de oxígeno. Plantea el momento agonizante del viejo caudillo y los movimientos de jóvenes que no están dispuestos a aceptar que su vida se rija por unos mandatos anquilosados y banales, pues lo que desean es poder pensar, decidir, vivir por sí mismos. El presente es el momento en que se está produciendo el cambio, en que Franco, igual que la mujer que da título a la novela y que esperaba el desenlace que no pudo ver con sus propios ojos, termina muriendo. Y la sociedad vuelve a estar convulsa porque le han soltado las riendas y tiene miedo de correr.
El título es un juego que se plantea al principio de la historia, cuando el pintor que la narra cuenta que nunca había podido hacer un retrato de su mujer, y que siempre envidió que un amigo-competidor sí que pudiera hacerlo, vistiéndola de rojo y plasmándola sobre un fondo gris. Es también como una metáfora de la sociedad en que se vivía entonces, en la que había personas que eran distintas, fuera de lo común y lo normal, que iban más allá de las cuatro reglas absurdas que marcaban los pasos de todo el que se atrevía a caminar por la aceras de España, y que no tenían miedo. Personas que vestían de rojo sobre una sociedad que permaneció enlutada durante mucho tiempo, y que seguía siendo gris pero guardaba un verde esperanza bajo la manga.
Por último destacar que el lenguaje que utiliza Miguel Delibes es absolutamente abrumador en esta obra, exponiendo un claro conocimiento de arquitectura, y desgranando una historia con un cuenta gotas que se viste de arma literaria: una pluma afilada y tenaz.
No sé si a muchos les gustará la historia, porque para gustos están los colores, nunca mejor dicho. Pero es una novelita muy corta, muy fácil de leer, y se puede creer en mi palabra cuando digo que merecerá la pena. Hasta la próxima parada.”
MÁS GRANDES QUE EL AMOR, PARADA OBLIGATORIA
Posted by Mara on Febrero 24th, 2008 filed in General1 Comment »
“Las historias más fascinantes son las que nacen de los hechos más banales. El dicho de que cuando menos te lo esperas es cuando te ocurre lo que llevabas esperando todo el tiempo no es ninguna frase hecha para consolarse, porque pasar, pasa. Tampoco que la vida es una concatenación de situaciones que nunca sabes por dónde van a llevarte y que te hacen cumplir con una especie de destino, que a veces es aciago, a veces es glorioso.
La gracia de todo esto es que gracias a la velocidad que le hemos imprimido al asunto, vamos corriendo de un lado para otro, preocupándonos de pagar hipotecas, coches, colegios, vacaciones, apartamentos, fines de meses, y a menudo se nos olvida que hay cosas que pueden darnos mayores beneficios a nivel de sensaciones y sentimientos, que es al fin y al cabo lo único que nos quedara cuando nos toque rendir cuentas, por muchos billetes que queramos guardarnos en los bolsillos para el viaje. Como decía John Lennon, la vida es eso que nos pasa mientras nosotros nos empeñamos en hacer otras cosas. Nadie puede escapar de su propia existencia, de los designios, de su camino, el que esté hecho y el que esté por hacer.
Hoy vengo con la escopeta cargada, a echar alguna que otra bronca y a dar alguna que otra colleja, pero como mi intervención es a manera de monólogo, que se dé por aludido aquél que quiera hacerlo. Aquél que mientras lea estas líneas vaya afirmando inconscientemente con la cabeza que cuanto lee lo ha pensado alguna vez, o que sin haberlo pensado está de acuerdo con ello.
No sé, para gustos los colores. Cada uno puede pensar cuanto quiera, hacer de su capa un sayo y de su vida su propia historia, pero como aquí una también tiene derecho a esa libertad, se lía la manta a la cabeza y adopta su propia filosofía creyendo que es la verdad más verdadera que puede contarse a modo de cuento para dormir.
Hablando de cuentos, historias y demás, vamos a hacer lo que hemos venido a hacer. Hoy vengo a recomendar un libro magistral. Su autor, Dominique Lapierre, francés, es reconocido a nivel mundial por las impecablemente documentadas obras, increíbles historias cosidas con hilo de oro, y conciencia social que no se queda muerta en vida en las páginas de cada libro. Dominique Lapierre es conocido, además de sus obras, por su labor social en zonas deprimidas como la India, y por su incansable lucha por erradicar -siempre en la medida que fuera posible- la pobreza. Durante un tiempo se asoció a Larry Collins, también reconocido escritor, y junto a él creó obras como Esta noche la libertad ó El quinto jinete, que quedaron para la posteridad.
En concreto, yo vengo a hablar Más grandes que el amor, un libro de Dominique Lapierre, a solas, a secas. A partir del título se pueden dibujar las típicas historias de amor que pueden hacer soñar a algunos soñadores básicos, aburrirse a los que buscan algo más en un libro ó en una historia de amor y no lo encuentran, y simplemente ser ignorado por los reticentes de toda la vida.
En cuanto se abre el libro, en cuanto se entra de lleno en las primeras páginas, se descubre que las ideas preconcebidas casi nunca resultan tal y como se preconcibieron. La gran habilidad de Lapierre para conjugar tres historias en apariencia totalmente independientes unas de las otras, para hacerlas confluir en el momento clave y hacerlas vivir como una sola es tan abrumadora que no queda otra opción que llegar hasta el final del libro para descubrirlo.
Comienza hablando de la historia de una niña en Calcuta que, enferma de lepra, es nombrada como paria por la sociedad, y repudiada incluso por su familia. Da cuenta con tal relato de las jerarquías en la sociedad india, y de las espeluznantes vivencias en el escalafón más bajo de todos. Sólo la ventana se abre, sin entrar en ningún tipo de creencia ó religión, con la labor humanitaria de una congregación de religiosas, las de Teresa de Calcuta, que por encima de la fe ayudan a salvarse, a sobrevivir en el término más literal de la palabra al ser humano más necesitado.
Enternecedor el relato de cómo la niña, Ananda, recibe asilo por parte de la congregación, enlaza seguidamente con la historia del descubrimiento del SIDA. Cuenta cómo un médico normal y corriente comienza a alarmarse por los numerosos casos de neumonía y sarcoma de Kaposi (un cáncer de piel), trata de hacerlo saber a las altas esferas para que investiguen la cuestión y no es escuchado, como suele pasar, hasta que gracias a un artículo publicado en una revista médica, llama la atención de científicos, sobre todo uno en París y otro en Estados Unidos, que deciden apostar por la investigación y descubrir por fin que el SIDA es un retrovirus, y como tal es muy difícil erradicarlo. Divaga además entre las circunstancias que llevaron a que el SIDA se propagara del modo que lo hizo durante los años 70 y 80 para llegar a la consecuencia de las muertes masivas e inevitables en la última década del siglo veinte. Como resultado, hoy día hay campañas de prevención y concienciación que, como siempre, no han llegado a todos los rincones del planeta para permitir que los más desfavorecidos sigan sufriendo los estertores de las peores lacras.
Por último, quizás porque es la pieza clave para darle sentido al libro, a la historia en sí, se presenta la historia de tres amigos, aparentemente inconexa con las otras dos, que terminará por ser el nexo de unión de ambas, creando un final apoteósico y brillante, que no desvelaré porque debe ser descubierto y disfrutado en toda su magnitud por quien decida hacerlo.
En fin, que leer este libro es hacer un ejercicio de aprendizaje acerca de nuestra sociedad, de uno de los problemas que la asolaron y la siguen asolando impíamente, de conocer la labor humanitaria y desinteresada de muchas personas que esconde historias enternecedoras, y de gozar de la escritura, la personalidad y el buen hacer de alguien como Dominique Lapierre.
Más grandes que el amor es un libro recomendado al cien por cien, jugoso, que llama desde las estanterías, que debe ser leído para comprender la sociedad en la que vivimos, y que no todo está perdido porque siempre puede existir un personaje capaz de demostrarnos que, pese a todo, el mundo sigue valiendo la pena. Hasta la próxima parada.”
UN LUGAR EN EL OLIMPO DE LOS DIOSES
Posted by Mara on Enero 24th, 2008 filed in General1 Comment »
“Siguiendo la línea del anterior comentario en cuanto a autores se refiere, pero no en cuanto a formato de texto, hoy voy a entrar llanamente a comentar acerca de un autor. Gracias a él recuperé la pasión por la literatura que había dejado abandonada después de una época en que había tenido que leer buenos libros, pero obligatoriamente. Y claro, cuando a alguien le imponen hacer algo, por mucho que le guste, la emoción a la hora de disfrutarlo pierde unos cuantos puntos a la baja. No obstante, gracias a la misma descubrí autores y obras que luego se han convertido en esenciales para los devenires posteriores, y que una vez liberada del “ordeno y mando” me permití el lujo de volver a explorar para recrearme en ellas cuanto hiciera falta y como hiciera falta, sin que un exámen de por medio tuviera que decir la última palabra, que siempre me ha gustado -serán cosas del carácter- decir a mí.
La persona que me descubrió al autor del que hablaré a continuación es esencial en mi vida, tanto personal como literaria, porque es quien sembró en mí desde temprana edad el gusanillo de los libros, que al principio devoraba, estrictamente hablando -sí, me gustaban tanto que incluso me los comía, supongo que para interiorizarlos mejor-, y luego me ayudaron a conciliar el sueño cuando éste se escurría de mis manos, y a aprender muchas cosas que no iba a encontrar en ninguna otra parte más que donde siempre habían estado, entre las páginas de los libros. Él también me ayudó a recuperar la ilusión perdida y encarrilar mi vocación, y darme cuenta de que no había perdido el norte que había estado siempre tan delante de mis narices.
Mi padre me habló durante una comida de él, y buscó entre su polvorienta biblioteca de libros olvidados a fuerza de carecer de espacio. Me lo entregó como un gran tesoro, y como tal lo expongo hoy aquí. Es un libro, que por todo lo comentado, tiene un significado especial para mí.
Desvelaré en este momento y en este lugar, por no dilatar más la espera que se trata de “La tesis de Nancy”, de Ramón J. Sender. Dije antes que seguía la línea del artículo anterior, porque si bien Jardiel era el maestro del absurdo, Sender también dominó como nadie las opiniones encontradas y las propias, que en un mundo de censura no supuso tarea fácil ingeniárselas para ofrecerlas pareciendo que no las estaba ofreciendo, y para ello echó mano de la comedia, por quitarle hierro al asunto.
“La tesis de Nancy” no es quizás su obra cumbre, pues se habla más en este término de “Crónica del alba” ó “Réquiem por un campesino español”. Pero por ser la que he leído de él, y por la carga emocional que yo misma le conferí a ésta, la obra que destaco es la que más me gusta a mí. Digamos que no es una gran novela, pero es una novela refrescante, divertida, que hace disfrutar y volar a la imaginación -signo de que es una gran novela, contradiciéndome- para crear situaciones que hacen brotar la sonrisa, y hasta la carcajada, con unas simples palabras.
“La tesis de Nancy” trata las aventuras y desventuras de una americana -como todo el mundo puede suponerse, la susodicha es Nancy- que viaja a España para aprender español, en concreto a la zona de Andalucía, que es donde el español se practica, digamos, de un modo más especial -a su manera, que dirían los andaluces-. Salpicada de multitud de anécdotas, situaciones imposibles e inesperadas, y dotada de un magistral uso del idioma, tanto del ahora llamado spanglish (el que utiliza Nancy), como del español andaluz (el que utiliza la gente que encuentra a su paso) y el español -digamos- correcto (que utiliza Sender como voz del narrador). A fuerza de jugar con estos tres conceptos y manejarlos sabia y artesanalmente, es como se van creando las situaciones que dan lugar al disfrute del lector. Simple y llanamente, no hay más adornos ni florituras que el ingenio del autor para conducir las situaciones, para plantearlas insólitas y divertidas, y dotarlas de la gracia que persigue a toda la obra. No descansa nunca, es un continuo toma y daca de comedia.
Además, caracterizando a Ramón J. Sender como le caracterizaba dar opinión acerca de la situación que se estaba viviendo en el país, pues comulgaba con la rama izquierdista, de la que se decepcionó -como tantos otros, porque la izquierda, dicho por muchos, decepciona a menudo cuando entre manos la cogen los hombres-, utiliza la arribada de una norteamericana de los Estados Unidos para confrontarla con una sociedad que había estado aletargada y dominada por normas de todo tipo que no tenían más fundamento que un anquilosamiento en el pasado que no se dejaba atrás, para protestar por todo ello. Para abrir los ojos sin que las tijeras le cortaran las alas, para decir verdades sin que nadie se enterara.
Yo recomiendo encarecidamente esta obra, y todas las demás del autor, que murió en Estados Unidos, y al que se le reprochó siempre la moderación de su postura. Qué le vamos a hacer, cuando uno va conociendo la realidad de las cosas tiene que plantearse posturas más lógicas y dejar a los sueños a un lado aunque no quiera para enfrentarla. Y de este modo reivindicar su nombre, apenas conocido para el gran público, y el de muchos contemporáneos tales como Álvaro de la Iglesia, Edgar Neville, Miguel Mihura -aunque éste último es más conocido-, que merecen sus minutos de gloria -, que pasan desapercibidos para generaciones y también dijeron algo y tienen todo el mérito de ser leídos.
Espero que si siguen mis consejos, no se decepcionen. Hasta la próxima parada.
EL MAESTRO DEL ABSURDO
Posted by Mara on Enero 11th, 2008 filed in General6 Comments »
Llega un momento en la vida que las cosas ocurren sin que medie lógica alguna que arbitre el devenir de los acontecimiento. Vapulean de un lado a otro las circunstancias, y cuando ya parece que uno queda exhausto y no podría soportar más, se asesta el golpe de gracia para advertir y recordar quién tiene la sartén por el mango.
Tan acostumbrados como estamos a ver que la mitad del planeta -ó más de la mitad-sufre en infrahumanas condiciones mientras nosotros les observamos aposentados cómodamente en el sofá de casa, a través de la pantalla de televisión cuando emiten el telediario ó algún documental, no entiendo cómo aún osamos echarnos las manos a la cabeza cuando hay una nueva vuelta de tuerca y el panorama se viste de luto. Luego viene la hora de echar cuentas, y la culpa suele recaer en todo aquello que no da réplica alguna, porque no puede, Que si el destino macabro, que si un impío creador todopoderoso; todas esas cosas que tampoco se pueden explicar, claro. Echándoles la culpa, sin embargo, nos quedamos un poco más tranquilos por esto de que la conciencia nos deje dormir por las noches. Realmente, si de esto se tratara en realidad no habría modo alguno de poder cerrar el ojo, pues que las cosas estén como están, y que hayan llegado al punto al que han llegado no tiene más responsable que nosotros mismos. Sí, sí, cada uno de los que componemos la especie humana; incluso quienes sufren la cara mala de la moneda.
Nosotros somos los que hacemos los experimentos hasta obtener resultados peligrosos, macabros y hasta deleznables. Nosotros somos los que declaramos guerras ó firmamos paces ateniéndonos a criterios poco claros. Nosotros somos los que preferimos llevarnos el trozo más grande del pastel, en detrimento de que haya otros que se queden sin catarlo. Nosotros somos los que nos miramos el ombligo sin parar e idolatrarnos tan poco magno rincón de nuestro cuerpo.
En fin, que nosotros somos quienes vamos en coche el lugar de ir andando, quienes tiramos los papeles al suelo y no a la papelera, quienes piensan que el mar ó la montaña no son sólo una opción para el disfrute que varía según los gustos, sino además nuestro vertedero particular, y quienes tiran la primera piedra y esconden la mano. Así que las reclamaciones acaban estando un poco de más, si recapitulamos en serio, con las cosas buenas y las cosas malas, cuando Dios aprieta pero no ahoga.
El maestro de la comedia, Enrique Jardiel Poncela resume esto que yo les digo en uno de sus libros, “La tourneé de Dios”. Magistral genio del humor, atemporal en todas sus novelas y obras de teatro, que hoy en día siguen representándose por los teatros de España haciéndose pasar por novedades y con el éxito de las mismas, supo captar la esencia del ser humano, de la sociedad que le rodeaba, del pasado, del presente y del futuro, y dotarlas del toque cómico que desdramatizaría cualquier situación para poder buscar con la vista clara la solución adecuada en cada momento.
El libro en cuestión del que hablo alberga genialidad desde la primera hasta la última página. Desde el momento en que el autor decide desordenar todos los capítulos para darle coherencia -por muy paradójico que suene- a la historia, y es capaz de reordenarlos, ubicándolos en el lugar exacto, se abre el telón y se da el pistoletazo de salida para el espectáculo. Comienza dándole vueltas a algún absurdo, que conforme vaya avanzando la historia ya no lo será, y desarrolla todos los argumentos, que se van leyendo entre risas pero contienen la solidez del plomo. Siendo un intelectual de la época, se atreve a entrar de lleno en el tema de la religión anunciando como suceso y eje central de la novela, la visita de Dios a la tierra. Creando una expectación sin parangón por la misma, sin saberse muy bien qué va a suceder a continuación de la misma, cuando por fin Dios se persona en el planeta, se entiende la excusa de ésta.
Jardiel habla por boca del magnánimo personaje. Cuando la muchedumbre expresa como deseo unánime la felicidad eterna, Dios les plantea que podrían serlo cuando quisieran. Tal respuesta provoca aspavientos y extrañezas, no es para menos; las soluciones que se tienen delante son las que más tardan en verse. Dios explica que cuando uno nace tiene todas las opciones para ser feliz, de hecho lo es, y que sólo al ir avanzando por los cauces de la vida nos empeñamos en complicarnos la existencia. Que lo tenemos todo, que siempre lo hemos tenido y siempre lo tendremos, y que nosotros mismos somos los que insistimos en buscar problemas donde no los hay, en crear situaciones difíciles y en calentarnos la cabeza para dar mil vueltas cuando el camino más corto fue siempre la línea recta.
Pese a estar escrita en 1932, hoy día podríamos aplicar dichas lecciones a las situaciones actuales. Es la gran facultad de este escritor, aparte de convertir el absurdo en una obra de arte y pura comedia, que sus obras no envejecen con el tiempo, que su visión de la vida y el mundo fue mucho más visionaria de lo que parece. Por eso actualmente está en cartelera por los teatros de España la obra “Un marido de ida y vuelta”, y antes estuvo “Eloísa está debajo de un almendro” ó “Usted tiene ojos de mujer fatal”, y seguirán estándolo. Y por eso, aparte de los best-sellers actuales, a los que no pretendo restar mérito alguno, reivindico la lectura de los libros de toda la vida. Y encima pueden echarse, no unas risas, sino unas carcajadas enormemente sonoras. Así que no se puede pedir más. El que no se divierte es porque no quiere.
Hasta la próxima parada.
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